María Pita por dentro

En esta sección iré publicando curiosidades del Palacio Municipal.

Un recorrido por el Salón Rojo de María Pita

Todo está decorado en color rojo, de ahí el nombre de este salón del palacio.

El Salón Rojo del Concello está siendo el testigo directo de la vida corporativa municipal durante el Estado de Alarma. En él nos reunimos dos veces por semana los portavoces de los grupos para escuchar a la alcaldesa, que nos informa puntualmente de todo lo que el gobierno está llevando a cabo y a la que presentamos nuestras propuestas para colaborar en estos difíciles momentos para todos.

Comisión de seguimiento del Covid 19

El Salón Rojo es el que acoge habitualmente las Juntas de Gobierno Local, en las que cada quince días, de manera ordinaria, se reúnen todos los miembros del gobierno además del secretario que toma nota del acta de la sesión. A estas juntas, desde el mandato anterior, pueden asistir y asistimos, los portavoces del resto de fuerzas políticas que conformamos el pleno de la corporación. Aunque no tenemos voto, nuestra presencia es, sin duda, un gesto de transparencia que se agradece.

Pero desde que ha comenzado el Estado de Alarma, este majestuoso y espacioso salón de Palacio es el centro de operaciones de la corporación. Salón que, por cierto, recibe su nombre porque el rojo está presente en la tapicería de las paredes, en los gruesos cortinones de terciopelo y en el cuero de las sillas. Es inevitable, al menos para mi, transportarme a épocas pasadas e imaginar las decisiones que allí se tomaron en otro tiempo.

Momento de una de las Comisiones de Seguimieto.

Me hubiese gustado elegir el salón Rojo por otro motivo, pero en cualquier caso intentaré no asociarlo al Covid 19 cuando todo esto pase. No se lo merece. Es una da las salas más hermosas de la Planta Noble del Palacio Municipal, así es como se conoce a la primera planta de la casa consistorial. Además en él, están los retratos de tres escritores gallegos, entre ellos está mi admirada doña Emilio Pardo Bazán, por cierto, la encargada de inaugurar el edificio en 1917, inauguración tras la cual se instaló ya el Gobierno local. Habría otra en 1927, la “oficial”, aprovechando la visita del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia.

Retrato de doña Emilia Pardo Bazán, de Maximino Peña Muñoz

Este retrato es, sin duda, uno de los tesoros de del Salón Rojo. Forma parte de la colección pictórica que alberga el Palacio, una colección de más de 500 artistas, entre ellos este que realizó en 1887 el pintor soriano Maximino Peña Muñoz cuando la escritora coruñesa tenía 36 años y acababa de publicar Los Pazos de Ulloa y la Madre Naturaleza. Reconozco mi devoción por esta mujer, una mujer que calló bocas con su trabajo, fue la primera mujer socia del Ateneo de Madrid 1906 y la primera catedrática de la universidad española, periodista, feminista y amante de la gastronomía y sus placeres. Y me encanta el consejo que cuentan que contaba que le dio su padre, un liberal al que doña Emilia admiraba muchísimo: “Si alguien te dice que no puedes hacer algo que hace un hombre, no olvides que es envidia y una doble moral. Tú puedes hacer cualquier cosa que quieras, somos iguales”.

Si duda esta gran mujer merece un post para ella sola, pero sigamos…Justo enfrente de doña Emilia está otro escritor coruñés, Wenceslao Fernández Flórez, retratado por el pintor ferrolano Fernando Álvarez de Sotomayor, quien por cierto fue alcalde de esta ciudad entre 1938 y 1939.

Retrato de Wrnceslao Fernández Flórez, de Álvarez de Sotomayor.

Completa la lista de escritores gallegos presentes en este salón, el retrato de Manuel Murguía. Murguía, periodista, novelista, poeta, historiador y costumbrista gallego, marido de Rosalía de Castro y poco amigo de Emilia Pardo Bazán. El autor de este retrato fue Ricardo Camino Calvo, un pintor coruñés premiado en la Nacional de Bellas Artes de 1934 y considerado como maestro del reatrato.

Retrato de Manuel Murguía.

Un cuarto retrato, relacionado también con el mundo de la cultura, adorna las paredes del salón, es el de la actriz María Casares, la hija de Santiago Casares Quiroga. Un retrato de Luis Mosquera.

Retrato de la actriz María Casares, pintado por Luis Mosquera.

Presidiendo el Salón está el inmenso óleo sobre lienzo de Juan Luis López García, una escena costumbrista que este santiagués pintó en 1927 a la vuelta de un viaje a París donde descubrió el postimpresionismo.

Escena costumbrista pintada en 1927 por Juan Luis López García

Otra de las bellezas de este salón es uno de los desnudos del coruñés Luis Mosquera, ganador de una tercera, una segunda y una primera medalla en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1941, 1943 y 1945. Este desnudo es precisamente de 1945.

Temple sobre lienzo de Luis Mosquera.

Hasta aquí todas las obras pictóricas del salón. Veis debajo del desnudo un reloj de mesa, y es que también los relojes son protagonistas en nuestro concello como ya os conté en el post sobre el reloj de la torre, habrá espacio para estas joyas. De todas formas, os dejo un adelanto de algunas imágenes de los que hay repartidos por la Galería del Salón Rojo:

En las páginas de la historia de nuestro palacio Municipal quedarán las comisiones de seguimiento del Covid 19 y los acuerdos entre todas las fuerzas políticas que de ellas saldrán para que nuestra ciudad se recupere del bache socioeconómico enorme en el que nos vamos a encontrar cuando ya hayamos derrotado al virus.

Entre todos lo conseguiremos.

El reloj de la torre del Palacio de María Pita

Las campanas de María Pita están hechas de una aleación de bronce y estaño y pesan más de 1.600 kg.

El Big Ben o Notre Dame asoman en mis recuerdos al pensar en algún reloj de torre que me haya llamado la atención. A partir de ahora, sin duda, el que ocupa mi cabeza y, sobre todo, resuena en mis oídos es el de María Pita. El sonido de sus campanas me acompaña cada día desde que me pude instalar en el Palacio Municipal.

Me advierte de que los minutos pasan, el tiempo vuela y a mí no me gusta desperdiciarlo. Son muchos los temas pendientes en esta ciudad que no deben esperar muchas vueltas de las agujas del reloj. El propio edificio del ayuntamiento es uno de esos asuntos que creo no deberíamos esperar mucho más para echarle una buena mano. Aunque por fuera el aspecto es bueno, cada año que pasa empeora y será más costosa la reparación. Un ejemplo es precisamente el reloj de la torre y su cúpula.

A pesar del reconocimiento diario al que se somete y del que se encarga con maestría el relojero Carlos Sánchez González-Dans, la maquinaria necesita reparación después de los diversos ‘ultrajes’ a los que ha sido sometido. “Le falta alguna pieza, otras en vez de restaurarlas, como por ejemplo unos tornillos con unos topes, lo que hicieron fue cortarlos con una radial, metieron una soldaduras y lo desajustaron todo. Ahora no coinciden cada 15 minutos los cuartos”, comenta Carlos seguro de que este desaguisado se puede reparar pero hay que empezar ya, porque cada año que pasa el desgaste es mayor.

Y esta máquina del tiempo tiene 108 años, llegó a la torre en septiembre de 1911. Es un reloj de marca francesa, como casi todos los de la época que se encargaban de comprar en Francia una o dos casas de relojes que había en Madrid y que después, ellos mismos instalaban en los diferentes edificios por toda España.

Fue uno de los primeros tesoros que descubrí a los pocos días de aterrizar en el Concello, de hecho confieso que fue el que me inspiró para crear esta sección del blog. Nos lo enseñó Loli, sin duda una de las almas de María Pita y de la que si me lo permite os hablaré de ella en otra ocasión. Ella nos guió a varios de los nuevos concejales por una visita a todas las dependencias del maravilloso edificio que tenemos como Ayuntamiento. Maravilloso pero anciano, y como tal necesita más cuidados. La preocupación de Loli por intentar concienciarnos de la necesidad de esos cuidados me animó a profundizar en el asunto.

Así, aprovechando la visita de Carlos a su cita diaria para darle cuerda al reloj me uní al ritual para que él, como experto, me contase.

Carlos lleva ya más de un año yendo todos los días a darle cuerda al reloj para que las campanas suenen puntuales desde lo alto de la torre. También cuida con mucho mimo de los más de cien relojes que se alojan en palacio. Carlos habla del reloj de la torre con mucho respeto, es el más complejo y requiere trabajo artesanal. Una vez hecho el mantenimiento del día me invitó a subir a lo más alto, casi me planto a unos peldaños del final, pero mereció la pena pasar el pequeño vértigo. Y es que el camino hacia la cúpula no es fácil (no suele serlo), con unas escaleras estrechas y muy empinadas, que se convierten en escalas en el tramo final, pero merece la pena, siempre merece la pena intentarlo.

Las vistas desde allí arriba son así de impresionantes:

Y mientras vamos subiendo, y aprovechando los descansillos de las escaleras para coger aliento y ánimos para seguir trepando, Carlos me muestra el mal estado del interior de la cúpula. “Es por culpa del desagüe. No desagua, se tapa con los excrementos de las gaviotas, se empieza a filtrar el agua, va corriendo y está todo el invierno mojado lo que va deteriorando el interior de la cúpula….sí se hace mantenimiento, pero no es suficiente. Los hierros de la cúpula están también perjudicados por culpa del agua que se filtra. Con esa humedad el hierro se hincha y lo que cae es el recubrimiento. Limpiar el desagüe no es tanto, arreglar la cúpula imagínate”.

Otro de los problemas del reloj es que este está sobrepesado. Cuenta Carlos que por culpa de los desgastes le han ido metiendo más peso para evitar que se pare y que siga funcionando pero lo que han conseguido es forzarlo y desgastarlo más. “Es necesario repararlo”, insiste Carlos.

No parece pues muy difícil ponerle freno a este desgaste, desde luego las ganas y la experiencia para arreglarlo están al alcance del Concello. Evitemos que el gasto sea mayor, cuidemos de nuestros tesoros.


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